Carta Natal Astral

Signo Aries

Como reconocer a un Aries

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Para localizar a este signo en una multitud solo hay que buscar a la persona que avanza con la cabeza ligeramente inclinada hacia adelante, como si estuviera a punto de embestir el aire para abrirse paso. Te mirará directamente a los ojos con una franqueza casi infantil, sin pestañear y con una fe absoluta en sí mismo que puede resultar desarmante. Hay en sus rasgos una firmeza tajante, casi siempre acompañada por cejas muy expresivas o marcadas y, si te fijas con atención, descubrirás en su rostro o en la cabeza la inevitable cicatriz que le dejó alguna aventura de la infancia, fruto de su eterna prisa por vivir.

Su cuerpo suele ser enérgico y atlético, pero lo que realmente le delata es su absoluta incapacidad para permanecer estático o disimular lo que siente. Cuando Aries entra en una habitación, la calma se evapora; sus movimientos son veloces, tajantes y carentes por completo de gracia perezosa o vacilación. Si tiene que hacer una cola o esperar a alguien que se retrasa, empezará a tamborilear los dedos o a marcar un ritmo impaciente con el pie, porque para el carnero el tiempo transcurre a una velocidad diferente que para el resto de los mortales. No conoce la diplomacia ni el tacto, y si algo le molesta te lo dirá a la cara con la misma brusquedad y falta de malicia con la que un niño dice la verdad.

Si le ataca una fiebre o una enfermedad, luchará contra ella como si fuera un enemigo personal y se negará en redondo a acostarse, convencido de que la fuerza de su voluntad puede vencer a cualquier microbio. Cuando se enfada, la tormenta es atronadora, repentina y cegadora, pero tan pronto como el trueno se apaga y el rayo cae, el cielo se aclara por completo. Aries se sacudirá el polvo, te sonreirá con total calidez y no entenderá por qué tú sigues temblando o guardándole rencor, porque para su corazón ingenuo la batalla ya ha terminado y el mundo vuelve a ser un lugar maravilloso listo para ser conquistado.

aries como reconocerlo

Si te fijas en su conversación, notarás que habla casi siempre en primera persona, pero sin la arrogancia fría de quien busca aplastar a otros, sino con la frescura de quien está firmemente convencido de que su punto de vista es el único camino lógico a seguir. Le verás interrumpiendo con entusiasmo desbordante en medio de las frases ajenas, no por falta de educación, sino porque sus pensamientos corren a una velocidad tan vertiginosa que no puede contener la necesidad de compartirlos antes de que se le escapen. La falsedad o las sonrisas comprometidas le resultan ajenas; es incapaz de fingir que le agrada alguien si no es así, y su rostro se transformará de inmediato en una máscara de fría indiferencia o aburrimiento supremo si la conversación cae en la monotonía de los chismes vacíos o la burocracia interminable.

En cualquier reunión o lugar de trabajo, lo reconocerás por ser quien se ofrece voluntario antes de que la propuesta haya terminado de formularse, asumiendo tareas imposibles con un optimismo ciego que roza lo ingenuo. Detesta con toda su alma las sutilezas, los rodeos y las indirectas; si intentas enviarle un mensaje entre líneas, se le pasará por alto por completo, pero si le pides ayuda directa ante una causa justa, se lanzará al rescate sin medir las consecuencias financieras, físicas o emocionales. La cautela le parece una cobardía disfrazada de prudencia, y es esa misma falta de filtro defensivo la que le expone a desengaños estruendosos cuando descubre que el resto del mundo no actúa con su misma transparencia impetuosa.

Detrás de esa fachada indomable y de esa voz que parece dictar órdenes sin darse cuenta, se esconde una vulnerabilidad casi trágica que casi nadie logra perception en un primer encuentro. Necesita la aprobación y el aplauso sincero de quienes le rodean con un hambre voraz, y un solo gesto de rechazo o frialdad por parte de alguien a quien ama puede derrumbar su ego colosal en cuestión de segundos, sumiéndole en una desesperanza absoluta. Sin embargo, no esperes verle lamiéndose las heridas durante mucho tiempo; tras un breve período de abatimiento donde parecerá el ser más incomprendido del planeta, resurgirá de sus cenizas con la sonrisa renovada, dispuesto a tropezar de nuevo con la misma piedra con tal de mantener viva la fe en sus propios sueños.